viernes, 13 de septiembre de 2013

...

Debí creerte desde un principio. Debí creerte, debí creerte.
Si tan solo no hubieras sido un vil mentiroso desde que tengo memoria, y si no te hubieras empeñado en apuñalar mi corazón una y otra vez...
Maldita sea, ¿quién me salvará ahora?
La noche es muy larga, y el final es inminente. Me veo enferma, muy enferma
¿Realmente estoy muriéndome?
Oh, Dios mío, sálvame ahora.
Lo siento por todo, ¿alguien puede ver mi dolor?
¿Por qué nadie me escucha ahora que soy débil y estoy desesperada?
Ya he quebrado mis uñas y agrietado mi piel arañando incansable el muro que me separa de la luz.
No puedo con esto, simplemente. No puedo.
Sálvame ahora, no es esto lo que yo quería.
Solo quiero escuchar que no es demasiado tarde para mí.
Y es que soy tan joven, y estoy tan rota...
Empiezo a ver el fruto de lo que yo misma me hice. Dios mío, ¿por qué?
No quiero esto, por favor, alguien que me despierte ahora.
No sé como llegué a esto, yo no era así, pero me volví completamente loca.
Y estoy tan arrepentida...
Necesito que me digan que esto no es cierto, que aún puedo volver. Por favor, por favor...
¿Cómo he podido hacer esto?
Debí creerte. Oh, cielos, de verdad debí creerte. Pero, ¿cómo iba a imaginarlo? Siempre fuiste cruel conmigo, ¿cómo podía imaginar que me advertirías de algo que realmente iba a acabar conmigo?
Es tan tarde ya, pero, ¿qué tan tarde es para pedir perdón por todo lo que he hecho?
El invierno está terminando, y el frío con él. El frío de mi vida. Nunca creí que sería así...
Fui tan jodidamente estúpida e inmadura, y estoy pagando por ello. Voy a pagar por ello.
No quiero hacerlo, maldita sea, no debería ser así. Nunca creí que las cosas llegarían a este punto, no quiero creerlo.
Dios mío, tengo tanto miedo. ¿Qué debería hacer? ¿Dónde están todas las personas que me incentivaron a continuar con mi actitud egoísta y auto-destructiva, en vez de alejarme de ello? ¿Por qué no hicieron nada por mí, aún cuando estaban presenciando como yo misma saboteaba lo poco que quedaba de mi vida?
¿Cuánto les importa, amigos míos? ¿Por qué no están aquí mientras lloro y tiemblo de terror? ¿Por qué no me abrazan si ya no tengo una botella de alcohol en la mano? ¿Dónde están? Los necesito ahora, por favor.
Estoy tan sola.
Al fin y al cabo, también estaba sola cuando llegué aquí, ¿no? No puede ser tan malo, todos estamos solos al final...¿verdad?
Debería dejar de escribir, pero aún tengo tanto por decir...
No es como si alguien fuera a leer esto, pero aquí quedará, por si acaso.
Solo me gustaría que la gente dejara de hacerse daño. Ese es mi deseo ahora, que he tocado fondo, fondo.
No destruyas tu vida por muy mala que parezca, maldita sea, es la única que tienes, y te juro que no te haces una idea de lo lejos que puedes llegar cuando ya no lo controlas. Son demonios que manejan tu mente y ya no te dejan detenerte hasta acabar contigo, con tu mente, con tu cuerpo, con todo lo que te rodea.
Por favor, no digas que quieres morir, no sabes de lo que estás hablando. Por favor.
Debí haberte creído, papá, lo siento. Pero es tan tarde ya, y el invierno, y el frío, y mi vida...

viernes, 23 de agosto de 2013

Boom

La vida es para ella un sueño interminable. Un maldito y horrible sueño interminable. Pero empeora cuando despierta. Nada puede quitarle del cuerpo esa sensación de irrealidad, esa somnolencia, ese ''no-estar''. Por eso prefiere dormir, aunque sueños extraños y perturbadores la acompañen cada noche. 
A veces piensa que dormir es como morirse un poco, pero la idea le aterra. ¿Será que ni en el descanso eterno hallará la paz? Le gustaría poder llorar. Llorar tanto como lo hacía antes, pero no puede. 
Adivina que el final está más cerca de lo que cree. Lo siente acercarse, como una mano helada por debajo de la manta, listo para tirar de su pierna. Si, definitivamente; le gustaría poder llorar. 
De pronto, no sabe qué hora es, ni qué día, pero algo la empuja fuera de su estupor cotidiano. 
«¿Quién está allí?» Suspira inaudible, con miedo de ser oída. Ella es así, temerosa. Ni rastro queda ya de su valentía.
Una mano diminuta se aferra a la de ella. Un par de ojos cafés, pequeños, como dos gotas de aceite brillan en la oscuridad. En su oscuridad. Y algo cambia. Algo más se rompe dentro, o se arregla. Un quiebre, un mundo de cabeza. Una sacudida, y boom, al mundo real. «Dios mío, ¿qué es esto?»
Siente de pronto que no quiere morir. Y le aterra, porque el final es inminente. Se había hecho ya ha la idea, «¡No! ¡No me aferres a la vida!» Tiembla, sabe que está rota, y, oh, ¡Cuánto le gustaría poder llorar!
Podría hablar de ello, pero no sirve de nada. Nadie la ayudará. Muchas manos se han extendido a su socorro, pero una a una las ha rechazado. Sabe que está rota, lo sabe muy bien, pero no le importa en realidad. «Estoy bien, no te preocupes» ¿Por qué nadie se dio cuenta nunca? Ella estaba rota, y era la única que lo sabía. 
Tendrías que haberla visto. Hubiera deseado que solo se quebraba en llanto. Que gritara y golpeara al viento. Que sacara de dentro toda esa basura que se ha venido tragando durante tantos años en silencio. Hubiera deseado que se tirara al suelo y manifestara toda su ira. Incluso esperé que insultara e hiciera daño. Que lastimara tanto como la han lastimado. Pero, oh, dios mío, tendrías que haberla visto. Su sonrisa fue el espejo de la misma muerte. Y acabaría con ella, lo supe en ese instante. 
Si tan solo hubiera podido llorar...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Dreams

 Secaré tus lágrimas y pintaré tus días con destellos de alegrías. Curaré tus heridas, besaré tu frente y te juraré, una y mil veces, que siempre estaré a tu lado.
Espantaré todos tus miedos, lucharé contra tus demonios y te protegeré entre mis brazos las veces que haga falta. Derretiré el hielo de tus ojos y lo convertiré en lo más dulce de la felicidad.
Sonreiré para que sonrías, te abrazaré en silencio, y te haré entender con tan solo una mirada que estoy aquí para ti.
Despedazaré con la espada de lo que tenemos cada recuerdo que te lastima y defenderé con mi vida nuestras memorias.
Usaré la fuerza de todo aquello que nos une para mantenerme contigo por toda la eternidad. 
Lloraré si lloras, reiré si ríes. Caminaré solo si tú caminas.
Y al final del día despertaré, embriagada de tantos sueños. Te observaré dormir y me prometeré una vez más a mí misma que cumpliré todo aquello algún día. Es lo mínimo que podría hacer por ti...


Si no puedo ser tu princesa, seré tu guardiana...

jueves, 20 de septiembre de 2012

Eres tú, soy yo...

El silencio reina en la habitación. Tú mantienes los ojos cerrados, mas yo no puedo dejar de verte. Busco en mi interior la respuesta de porqué la vida se empeñó en cruzar nuestros caminos.
Te remueves en tu lugar, y abres los ojos lentamente, con la mirada más ausente que he visto jamás.
Enciendes un cigarrillo, y te lo quito de la mano. 
Odio que te hagas daño, pero no me atrevo a decirlo en voz alta. 
Lo recuperas de un solo movimiento, y le das una calada. La habitación se llena de humo, y todo empieza a girar. El alcohol empieza a hacer su efecto, y contra la pared opuesta brilla lejana la botella vacía de Vodka, esa que amansa el dolor, y quema las penas tanto como la garganta
Comienzas a hablarme de tu vida. De tu familia que no es tal. De la sociedad que te margina y te hace daño. Sabes que sé la historia, pero eso no importa.
Nada importa si al otro día la resaca destructora borrará nuestras tormentosas memorias. 
 Una lágrima rueda cálida por tu pálida mejilla. Bajas la cabeza, odias la debilidad. 
Tal vez si fueras otro te abrazaría al verte llorar. Te diría que todo va a estar bien, y que siempre se encuentra la luz al final del túnel. Pero eres tú, y soy yo, y nuestra relación carece de demostraciones afectivas, así que me limito a guardar silencio y hacerte saber que estoy ahí. Eso es más importante para ti, y más fácil para mí, que bien sabes, no soy buena consolando pesares. 
No dejarías que te abrace por temor a que la lástima me impulse a hacerlo. 
No sería capaz de decirte que encontrarás la luz al final del túnel, porque te conozco, y sé que no lo crees. 
Pero especialmente, jamás te diría que todo va a estar bien. Tus ojos han visto suficiente como para obligarte a despojar las esperanzas. Ya no tienes fe, no tienes sueños, no tienes nada
Me parte el alma observar tus ojos rotos de dolor. Me lastima saber que nada de lo que diga aliviará tu cansado corazón. Odio verte sufrir en silencio, saber que detestas tu vida y que buscas evasiones que te destruyan. Ni siquiera soy lo suficientemente fuerte como para soportar ver tus muñecas flageladas, que hablan de desesperación y soledad
Me consuela saber que ahora estoy ahí para ti, y no permitiré que sigas haciéndote tanto daño.
Y sabes que te cuido, y me cuidas, y me quieres, y te quiero, pero eres tú, y soy yo, y nuestro gran orgullo que nos impide admitir cuanto nos necesitamos mutuamente.  
 Nos conocimos un día y dejamos el rumbo de nuestra historia al azar. Porque nunca tuvimos nada más que una maleta llena de sueños rotos, una vida maltrecha y unos ojos cristalizados, llenos de lágrimas que luchaban por no salir. Y dependo de ti, y tú dependes de mí, y compartiendo el dolor ya no estamos tan solos. 
 Te miro a los ojos y entiendo que te necesito demasiado para seguir adelante, pero soy incapaz de decirlo.
Porque apareciste un día, con tu vida a rastras y un montón de recuerdos dolorosos, y te mostraste ante mí tal como eras. Nunca me prometiste nada, nunca me diste algo que no tuvieras. Siempre fuiste claro: estabas tan vacío como un parque bajo la tormenta. Y aún así elegí tomar todas las partes de ti, y aceptarte así. Nunca te juzgué, tampoco me has juzgado a mí, pero aún así no entenderé como me estoy enamorando de ti...

 . 

viernes, 20 de julio de 2012

Vals de la agonía



 Rock and roll y cerveza.
Soledad bailaba y Melancolía bebía.
La música sonaba cual gran fiesta y el silencio no existía. 
Soledad, tan descarada, invitó una pieza a Melancolía, pero ésta algo timida respondió que no quería. 
Llanto hizo su entrada, y solo no venía. Tristeza, su bella dama, del brazo le sostenía.
Alegría, marginada, con celos los observó. No intervino en la velada, pues esta noche se controló. 
Clic, clac hizo el tocadiscos. Comenzó el ultimo vals.
Todos tenían pareja, pero Pena no quería bailar. 
—¡Pobre muchacha melancólica! —exclamó Pena con pesar—. Está tan sola que a la tristeza se abandona, y el llanto la quiere ahogar. Si alegría se acerca a ella, llanto se marchará. Se llevará consigo a tristeza, y la fiesta terminará.

viernes, 13 de julio de 2012

 Esa maldita incapacidad de no poder decir lo que en verdad siento. 
 Sé que estoy lejos de ser la persona que quieres que sea, solo quisiera que no intentaras cambiarme.
Y es que somos tan diferentes..., tan positivo, con una sonrisa en tu cara todo el tiempo, alegrando la vida de todo el que te rodea. Siempre considerado y amable, haciendo lo imposible por aquellas personas importantes para ti.
Y yo... bueno, ¿qué puedo decir de mí? Sabes que soy una amargada. Me agobio por todo, y tú aguantas mis rabietas sin quejas. Siempre estoy seria, encerrada en mi mundo, y tú apareces y lo pones de cabeza con tal de verme sonreír. 
Hay días en los que no te callas ni un minuto. Eres la única persona que conozco que puede decir tantas tonterías en diez segundos. Me hablas de fútbol y de videojuegos aún sabiendo que no entiendo nada al respecto. No aguantas verme con un libro en la mano. Verme tan tranquila y quieta por demasiado tiempo te perturba. Y siempre, siempre que cantas, repites la misma frase, de la misma canción. Una y otra vez
Puedes estar escuchándome hablar horas, aunque solo esté relatándote anécdotas irrelevantes de mi fin de semana. Te enojas conmigo cuando bebo en exceso. No te cansas de repetirme que me estoy haciendo daño. A veces te quedas observándome en silencio, sonríes y me tocas la punta de la nariz.
Te frustras porque no puedes comprenderme. Dices que soy la persona más extraña que has conocido jamás. Me causa gracia cuando dices que el primer hombre que logre decifrarme merecerá un premio. Me río, porque sé que hay algo de verdad en eso.
Eres el primero en animarme. Te molesta profundamente mi negatividad y baja autoestima. Cuando me oyes quejarme de mi apariencia, no tardas en decirme que para ti soy una de las chicas más hermosas que has visto en la vida. Siempre me río de tus exageraciones. Acepto tus cumplidos con palabras sarcásticas, porque sabes que no los creo. Remarcas todo el tiempo que tú no mientes
Te amargas por mí cuando hablamos de mi pasado. Te duele, porque sabes que me duele. Apretas los puños de rabia al recordar a las personas que me lastimaron. Las odias, porque cambiaron a la chica que hace años tú encontraste en mí. Me pides todo el tiempo que vuelva a ser ella. La que tú conociste en aquel mes de marzo. La muchacha que sonreía por nada, que ignoraba a medias la realidad. Aquella que sufría, pero podía sostenerse y seguir adelante como si nada. La que demostraba lo que sentía sin miedo a ser dañada. 
 Lo siento, no volverá. Y aunque te haya explicado mil veces las razones que me hicieron cambiar, no lo comprendes. No lo comprendes porque tú y yo tenemos maneras tan opuestas de encarar la vida, y vivimos realidades tan diferentes, que te es imposible ponerte en mi lugar. No te culpo por ello. 
 Sé que mis silencios te lastiman. Soy consciente de que a veces crees que no me importas. Crees que no te quiero lo suficiente, y te alejas. ¿De verdad crees que podría no querer a una de las personas que me mantienen en pie cada día?
 Me gustaría poder decirte cuanto te quiero, y lo mucho que significas en mi vida, pero soy incapaz de hacerlo. No me preguntes porqué, porque ni siquiera yo lo sé. 
A veces solo tengo ganas de llorar, y abrazarte, y decirte lo miserable que sería mi vida si no estuvieras a mi lado para sostenerme cuando me derrumbo. A veces quisiera que supieras que te extraño muchísimo cuando no te veo, y cuando no estás ahí conmigo para decir tonterías y hacerme reír, y por un momento darme la certeza de que, aunque la vida sea dura, gracias a personas como tú vale la pena seguir aquí.
 Sé mi frialdad te congela el alma, y que odias mi silencio. Incluso me has confesado que darías cualquier cosa por entrar un minuto en mi mente. Ojalá pudieras. Así sabrías que te adoro como a nadie en esta vida.
 Debería pedirte que te quedaras, cuando te despides esperando que te detenga. 
Debería hacerlo, porque presiento que estás cansado y es ahora cuando necesitas que te demuestre todo lo que eres para mí. Debería hacerlo, porque sé que un día puede que te vayas y no regreses.

Sabes que no tengo arreglo, pero ojalá seas consciente de que eres uno de los pilares más imprescindibles de mi vida, y no podría seguir luchando sin alguien como tú a mi lado. 
No merezco una amistad tan incondicional como la tuya, pero tengo la seguridad de saber que eres el ángel que me cuida, y no soportaría perderte. 
 Sé que si alguien lee esto, no serás tú, pero tengo la esperanza de poder decírtelo en la cara algún día.
 Eres el mejor amigo que puede existir, y te quiero más que a mi vida. 






jueves, 28 de junio de 2012

Tired ~

 Cansada. Así me siento hoy. Cansada y harta de todos y todo. Cansada de las personas falsas que te juran amistad y te traicionan por la espalda. Cansada de la puta rutina, de que todo sea siempre igual. Cansada de estar rodeada de gente y sentirme sola, y vacía. De no poder avanzar. De sentir que todo se derrumba sobre mi espalda. Cansada de escuchar a todos y que nadie me escuche a mí. De ser invisible. De que la mía sea la ultima opinión en ser tomada en cuenta.
Estoy cansada de la gente de mierda que se empeña en amargar mi vida. Harta de escuchar disculpas. De perdonar. De dar oportunidades y que sea siempre igual. Cansada de ser traicionada una y otra vez.
Cansada de vivir en el pasado. De que los demonios del ayer me persigan. De que el odio y el rencor aún y después de tanto tiempo sigan quemando mis pupilas. Cansada de llorar sobre fotos y cartas que hablan de un pasado mejor. Cansada de tener la certeza latente de que esos tiempos jamás volverán. 
Harta de evadirme de malas maneras, de no encontrar salidas que no me hagan daño. Cansada de la depresión y la angustia que me corroen en alma todas las noches. 
Cansada de preguntarme porqué. 

 Y te vas hundiendo poco a poco en un profundo hoyo. Es como arena movediza. Sabes que cuanto más te muevas, más rápido bajaras. Caes. Siempre estas cayendo. Arañando con tus uñas las paredes de ese pozo al que tú misma te empujaste. No culpes a nadie, porque nadie te obligó a caer. Pudiste elegir entre ser fuerte, pero decidiste rendirte. Solo tendrías que haber visto tu cara. Con tan solo observar tu mirada rota supe que estabas derrotada.