miércoles, 17 de octubre de 2012

Dreams

 Secaré tus lágrimas y pintaré tus días con destellos de alegrías. Curaré tus heridas, besaré tu frente y te juraré, una y mil veces, que siempre estaré a tu lado.
Espantaré todos tus miedos, lucharé contra tus demonios y te protegeré entre mis brazos las veces que haga falta. Derretiré el hielo de tus ojos y lo convertiré en lo más dulce de la felicidad.
Sonreiré para que sonrías, te abrazaré en silencio, y te haré entender con tan solo una mirada que estoy aquí para ti.
Despedazaré con la espada de lo que tenemos cada recuerdo que te lastima y defenderé con mi vida nuestras memorias.
Usaré la fuerza de todo aquello que nos une para mantenerme contigo por toda la eternidad. 
Lloraré si lloras, reiré si ríes. Caminaré solo si tú caminas.
Y al final del día despertaré, embriagada de tantos sueños. Te observaré dormir y me prometeré una vez más a mí misma que cumpliré todo aquello algún día. Es lo mínimo que podría hacer por ti...


Si no puedo ser tu princesa, seré tu guardiana...

jueves, 20 de septiembre de 2012

Eres tú, soy yo...

El silencio reina en la habitación. Tú mantienes los ojos cerrados, mas yo no puedo dejar de verte. Busco en mi interior la respuesta de porqué la vida se empeñó en cruzar nuestros caminos.
Te remueves en tu lugar, y abres los ojos lentamente, con la mirada más ausente que he visto jamás.
Enciendes un cigarrillo, y te lo quito de la mano. 
Odio que te hagas daño, pero no me atrevo a decirlo en voz alta. 
Lo recuperas de un solo movimiento, y le das una calada. La habitación se llena de humo, y todo empieza a girar. El alcohol empieza a hacer su efecto, y contra la pared opuesta brilla lejana la botella vacía de Vodka, esa que amansa el dolor, y quema las penas tanto como la garganta
Comienzas a hablarme de tu vida. De tu familia que no es tal. De la sociedad que te margina y te hace daño. Sabes que sé la historia, pero eso no importa.
Nada importa si al otro día la resaca destructora borrará nuestras tormentosas memorias. 
 Una lágrima rueda cálida por tu pálida mejilla. Bajas la cabeza, odias la debilidad. 
Tal vez si fueras otro te abrazaría al verte llorar. Te diría que todo va a estar bien, y que siempre se encuentra la luz al final del túnel. Pero eres tú, y soy yo, y nuestra relación carece de demostraciones afectivas, así que me limito a guardar silencio y hacerte saber que estoy ahí. Eso es más importante para ti, y más fácil para mí, que bien sabes, no soy buena consolando pesares. 
No dejarías que te abrace por temor a que la lástima me impulse a hacerlo. 
No sería capaz de decirte que encontrarás la luz al final del túnel, porque te conozco, y sé que no lo crees. 
Pero especialmente, jamás te diría que todo va a estar bien. Tus ojos han visto suficiente como para obligarte a despojar las esperanzas. Ya no tienes fe, no tienes sueños, no tienes nada
Me parte el alma observar tus ojos rotos de dolor. Me lastima saber que nada de lo que diga aliviará tu cansado corazón. Odio verte sufrir en silencio, saber que detestas tu vida y que buscas evasiones que te destruyan. Ni siquiera soy lo suficientemente fuerte como para soportar ver tus muñecas flageladas, que hablan de desesperación y soledad
Me consuela saber que ahora estoy ahí para ti, y no permitiré que sigas haciéndote tanto daño.
Y sabes que te cuido, y me cuidas, y me quieres, y te quiero, pero eres tú, y soy yo, y nuestro gran orgullo que nos impide admitir cuanto nos necesitamos mutuamente.  
 Nos conocimos un día y dejamos el rumbo de nuestra historia al azar. Porque nunca tuvimos nada más que una maleta llena de sueños rotos, una vida maltrecha y unos ojos cristalizados, llenos de lágrimas que luchaban por no salir. Y dependo de ti, y tú dependes de mí, y compartiendo el dolor ya no estamos tan solos. 
 Te miro a los ojos y entiendo que te necesito demasiado para seguir adelante, pero soy incapaz de decirlo.
Porque apareciste un día, con tu vida a rastras y un montón de recuerdos dolorosos, y te mostraste ante mí tal como eras. Nunca me prometiste nada, nunca me diste algo que no tuvieras. Siempre fuiste claro: estabas tan vacío como un parque bajo la tormenta. Y aún así elegí tomar todas las partes de ti, y aceptarte así. Nunca te juzgué, tampoco me has juzgado a mí, pero aún así no entenderé como me estoy enamorando de ti...

 . 

viernes, 20 de julio de 2012

Vals de la agonía



 Rock and roll y cerveza.
Soledad bailaba y Melancolía bebía.
La música sonaba cual gran fiesta y el silencio no existía. 
Soledad, tan descarada, invitó una pieza a Melancolía, pero ésta algo timida respondió que no quería. 
Llanto hizo su entrada, y solo no venía. Tristeza, su bella dama, del brazo le sostenía.
Alegría, marginada, con celos los observó. No intervino en la velada, pues esta noche se controló. 
Clic, clac hizo el tocadiscos. Comenzó el ultimo vals.
Todos tenían pareja, pero Pena no quería bailar. 
—¡Pobre muchacha melancólica! —exclamó Pena con pesar—. Está tan sola que a la tristeza se abandona, y el llanto la quiere ahogar. Si alegría se acerca a ella, llanto se marchará. Se llevará consigo a tristeza, y la fiesta terminará.

viernes, 13 de julio de 2012

 Esa maldita incapacidad de no poder decir lo que en verdad siento. 
 Sé que estoy lejos de ser la persona que quieres que sea, solo quisiera que no intentaras cambiarme.
Y es que somos tan diferentes..., tan positivo, con una sonrisa en tu cara todo el tiempo, alegrando la vida de todo el que te rodea. Siempre considerado y amable, haciendo lo imposible por aquellas personas importantes para ti.
Y yo... bueno, ¿qué puedo decir de mí? Sabes que soy una amargada. Me agobio por todo, y tú aguantas mis rabietas sin quejas. Siempre estoy seria, encerrada en mi mundo, y tú apareces y lo pones de cabeza con tal de verme sonreír. 
Hay días en los que no te callas ni un minuto. Eres la única persona que conozco que puede decir tantas tonterías en diez segundos. Me hablas de fútbol y de videojuegos aún sabiendo que no entiendo nada al respecto. No aguantas verme con un libro en la mano. Verme tan tranquila y quieta por demasiado tiempo te perturba. Y siempre, siempre que cantas, repites la misma frase, de la misma canción. Una y otra vez
Puedes estar escuchándome hablar horas, aunque solo esté relatándote anécdotas irrelevantes de mi fin de semana. Te enojas conmigo cuando bebo en exceso. No te cansas de repetirme que me estoy haciendo daño. A veces te quedas observándome en silencio, sonríes y me tocas la punta de la nariz.
Te frustras porque no puedes comprenderme. Dices que soy la persona más extraña que has conocido jamás. Me causa gracia cuando dices que el primer hombre que logre decifrarme merecerá un premio. Me río, porque sé que hay algo de verdad en eso.
Eres el primero en animarme. Te molesta profundamente mi negatividad y baja autoestima. Cuando me oyes quejarme de mi apariencia, no tardas en decirme que para ti soy una de las chicas más hermosas que has visto en la vida. Siempre me río de tus exageraciones. Acepto tus cumplidos con palabras sarcásticas, porque sabes que no los creo. Remarcas todo el tiempo que tú no mientes
Te amargas por mí cuando hablamos de mi pasado. Te duele, porque sabes que me duele. Apretas los puños de rabia al recordar a las personas que me lastimaron. Las odias, porque cambiaron a la chica que hace años tú encontraste en mí. Me pides todo el tiempo que vuelva a ser ella. La que tú conociste en aquel mes de marzo. La muchacha que sonreía por nada, que ignoraba a medias la realidad. Aquella que sufría, pero podía sostenerse y seguir adelante como si nada. La que demostraba lo que sentía sin miedo a ser dañada. 
 Lo siento, no volverá. Y aunque te haya explicado mil veces las razones que me hicieron cambiar, no lo comprendes. No lo comprendes porque tú y yo tenemos maneras tan opuestas de encarar la vida, y vivimos realidades tan diferentes, que te es imposible ponerte en mi lugar. No te culpo por ello. 
 Sé que mis silencios te lastiman. Soy consciente de que a veces crees que no me importas. Crees que no te quiero lo suficiente, y te alejas. ¿De verdad crees que podría no querer a una de las personas que me mantienen en pie cada día?
 Me gustaría poder decirte cuanto te quiero, y lo mucho que significas en mi vida, pero soy incapaz de hacerlo. No me preguntes porqué, porque ni siquiera yo lo sé. 
A veces solo tengo ganas de llorar, y abrazarte, y decirte lo miserable que sería mi vida si no estuvieras a mi lado para sostenerme cuando me derrumbo. A veces quisiera que supieras que te extraño muchísimo cuando no te veo, y cuando no estás ahí conmigo para decir tonterías y hacerme reír, y por un momento darme la certeza de que, aunque la vida sea dura, gracias a personas como tú vale la pena seguir aquí.
 Sé mi frialdad te congela el alma, y que odias mi silencio. Incluso me has confesado que darías cualquier cosa por entrar un minuto en mi mente. Ojalá pudieras. Así sabrías que te adoro como a nadie en esta vida.
 Debería pedirte que te quedaras, cuando te despides esperando que te detenga. 
Debería hacerlo, porque presiento que estás cansado y es ahora cuando necesitas que te demuestre todo lo que eres para mí. Debería hacerlo, porque sé que un día puede que te vayas y no regreses.

Sabes que no tengo arreglo, pero ojalá seas consciente de que eres uno de los pilares más imprescindibles de mi vida, y no podría seguir luchando sin alguien como tú a mi lado. 
No merezco una amistad tan incondicional como la tuya, pero tengo la seguridad de saber que eres el ángel que me cuida, y no soportaría perderte. 
 Sé que si alguien lee esto, no serás tú, pero tengo la esperanza de poder decírtelo en la cara algún día.
 Eres el mejor amigo que puede existir, y te quiero más que a mi vida. 






jueves, 28 de junio de 2012

Tired ~

 Cansada. Así me siento hoy. Cansada y harta de todos y todo. Cansada de las personas falsas que te juran amistad y te traicionan por la espalda. Cansada de la puta rutina, de que todo sea siempre igual. Cansada de estar rodeada de gente y sentirme sola, y vacía. De no poder avanzar. De sentir que todo se derrumba sobre mi espalda. Cansada de escuchar a todos y que nadie me escuche a mí. De ser invisible. De que la mía sea la ultima opinión en ser tomada en cuenta.
Estoy cansada de la gente de mierda que se empeña en amargar mi vida. Harta de escuchar disculpas. De perdonar. De dar oportunidades y que sea siempre igual. Cansada de ser traicionada una y otra vez.
Cansada de vivir en el pasado. De que los demonios del ayer me persigan. De que el odio y el rencor aún y después de tanto tiempo sigan quemando mis pupilas. Cansada de llorar sobre fotos y cartas que hablan de un pasado mejor. Cansada de tener la certeza latente de que esos tiempos jamás volverán. 
Harta de evadirme de malas maneras, de no encontrar salidas que no me hagan daño. Cansada de la depresión y la angustia que me corroen en alma todas las noches. 
Cansada de preguntarme porqué. 

 Y te vas hundiendo poco a poco en un profundo hoyo. Es como arena movediza. Sabes que cuanto más te muevas, más rápido bajaras. Caes. Siempre estas cayendo. Arañando con tus uñas las paredes de ese pozo al que tú misma te empujaste. No culpes a nadie, porque nadie te obligó a caer. Pudiste elegir entre ser fuerte, pero decidiste rendirte. Solo tendrías que haber visto tu cara. Con tan solo observar tu mirada rota supe que estabas derrotada. 




lunes, 25 de junio de 2012

Abismo

 Ese vértigo que se siente al azomar la cabeza hacia el abismo de las malas decisiones y las evasiones.
Caminas hasta el borde y sientes como si un viento con aroma a soledad te empujara suavemente por la espalda y te invitara a saltar. Pero no. Por alguna extraña razón te resistes, al igual que resistes esas ganas inconmensurables de quebrarte en llanto.
Te balanceas hacia adelante y hacia atrás, con una sonrisa triste, rota. ¿Adónde a ido a parar la alegría de la juventud?
 Haces por milésima vez una lista mental de aquellas personas que te hicieron tanto daño. Ni siquiera eres capaz de recordar todos sus nombres y maldices en voz baja. Meneas la cabeza y suspiras. Da igual.
 Te sientes sola, deshilachada, y tan vacía como aquella botella de vodka que te empujó a la inconsciencia la noche anterior. Ese vacío existencial que hace tanto tiempo habita en tu vida, y cada día te mata un poco más. ¿Y a quién le interesa?
Insomnio por dolor, inanición por depresión, alcohol para el corazón. Te estás destruyendo y ni siquiera te importa. Sabes que te hace daño, pero no quieres dejarlo. Tal y como hiciste con él. Ese chico que se empeñó en arruinarte la vida, y aún así tu corazón casi masoquista te mantenía a su lado. 
 Sufres, pero sonríes cada día. Esperando a que alguien se atreva a quitarte esa máscara de falsa felicidad que te asfixia cada vez más.
 Sientes tu alma pendiendo de un hilo, y tu vida cayendo en espiral por un barranco de temores e inseguridades. Te preguntas a ti misma cuando perdiste el control de tu vida.
  Te preparas para saltar a la nada. Sabes que ese paso al vacío condenará tu existencia. 
¿Qué más da? Más no podrá doler. 
 Caes, y cuando estás a punto de llegar al final, te estrellas con la realidad.
Abres los ojos, y sientes el frío sudor en tu espalda. 
Una puntada de dolor te apuñala el pecho. 
Suspiras, y aceptas que la realidad siempre estará ahí, esperando al mejor momento para darte un golpe en toda la cara.
Vuelves a poner tu cabeza sobre la almohada, mientras entre oraciones incoherentes ruegas que las pesadillas no vuelvan por ti. 
Paz, no pastillas, es lo que necesitas. 
Cierras los ojos y te intentas convencer de que no es tan malo. 
—Algún día me reiré de esto...—susurras, con una sonrisa tan falsa como tus palabras. 
Pero no importa, mentirte a ti misma se ha vuelto casi un hábito.

''Ésta era la vida real, no el material de las películas cinematográficas, no las cosas grises, no su propia vida normal; esto era la vida expuesta hasta la médula, temblorosa, intrépida, codiciosa, inmortal...''

miércoles, 20 de junio de 2012

Respirar, emborracharse, morir, y seguir viviendo


''Te cambié por la cerveza, y no hay mucha diferencia, ¿sabes? No me llama, no me escribe, y también me da dolor de cabeza...''

domingo, 17 de junio de 2012

Karma

¿Amar? No, porfavor. Las personas como tú no aman a nadie. No lo sabes que eso significa, así que ni siquiera lo digas. No en mi presencia.
Basta. Te ruego que te calles. Oí suficiente. Fueron dos años de oportunidades que no supiste aprovechar, no me vengas con remordimientos ahora. 
No, no me pidas perdón. Es demasiado tarde para eso. Las disculpas no sanan corazones,  ¿sabes? Tus palabras vacías no me devolverán el tiempo que perdí contigo. No secarán las lágrimas que tú no secaste. No me quitaran el dolor que sembraste durante tanto tiempo en mí. 
Eres la cruz de mi vida.
¿Qué no te hable así? ¿Cómo rayos quieres que te hable? Eres la persona más cruel y estúpida que conocí jamás. Y además, eres un ciego. Eres incapaz de ver y reconocer a alguien que daría la vida por ti.
No, maldita sea, no. Te he dicho que no te perdonaré. Nunca. No te lo mereces. Que me parta un rayo antes de que eso suceda. 
¿Cómo se puede sentir tanto desprecio por una persona a la que has amado con tu vida entera?
Púdrete. El karma te hará pedazos.

''¿Dónde estabas cuando me caí y necesitaba ayuda para levantarme? Me diste una patada cuando estaba en el suelo, y es un poquito tarde para decir que lo sientes ahora. Lo que dices tan solo no es cierto, y ya no te necesito nunca más...''
                                         

martes, 12 de junio de 2012

Let it be

 ¿Recuerdas aquello de que todo era parte del destino? Yo de verdad lo creía así.
Lo compartimos todo. No había nada mío que no conocieras. Y es que antes de conocerte estaba tan sola, que cuando llegaste eramos casi la misma persona. Todo el miedo que yo sentía fue remplazado por la seguridad de que cuando volviera a caer tu estarías ahí para levantarme. Y así lo hiciste. Una, y otra, y otra vez.
 Puedo decir con seguridad que conocerte cambió el rumbo de mi vida. Aprendí muchas cosas de ti, lecciones que nunca olvidaré.
 Y la forma en que nos conocimos, ¿la recuerdas aún? Sé que por más que lo contáramos, solo tú y yo podíamos apreciar realmente la forma extraña e inesperada en la que el destino cruzó nuestros caminos.
 Algunas noches solíamos recostarnos en el patio a observar las estrellas, y preguntarnos el porqué eramos tan iguales, y a la vez tan distintas. Entendimos al fin que nos complementábamos. Mientras tú me brindabas silencios para escuchar mis problemas, yo te prestaba consejos cuando sabía que los necesitabas, aunque no me lo dijeras.
Una de esas noches en especial marcó mi memoria. Recuerdo que yo me encontraba frustrada porque me sentía acorralada ante situaciones que sentía que no podía superar, y tú me prestabas tu hombro para llorar, pero sabías —y ahora yo también lo sé— que no podías darme ninguna solución. Y entonces, una canción empezó a sonar. Let it be. Lo pronunciamos al mismo tiempo, nos miramos y sonreímos.
—Déjalo ser —dijiste, con el rostro iluminado.
En ese momento te hice caso, lo dejé ser. Hice a un lado mis problemas, y dejé que las cosas se dieran como se tenían que dar. Entendí que si la solución escapaba de mis manos, preocuparme era en vano. Pero ignoraba que esa misma decisión terminaría siendo el peor error que cometimos.
 Cuando comenzamos a pelearnos por todo, el orgullo nos impedía hacer las paces. Y esa maldita frase resonando en nuestra mente nos hacía creer que no era necesario hablar las cosas, que había que dejarlo ser, que si las cosas debían arreglarse, se arreglarían solas. No era así. En el fondo yo lo sabía, incluso un día, discutiendo, te lo dije;
—Hay ciertas cosas que simplemente no se solucionan diciendo ''Let it be''.
Te enojaste mucho, lo recuerdo. Creo que de alguna forma esa era tu frase favorita, la que siempre citabas cuando una situación te superaba. Y a medida que tú la ponías más en práctica, yo la empezaba a odiar. Al igual que empecé a odiar tu presencia distante, tus silencios, esas miradas ausentes que ya no decían nada. Aunque después de cada pelea volvíamos a hablar en buenos términos, nunca me decías que eran las cosas que te molestaban o te hacían alejarte cada vez más de mí. Supongo que esperabas que ese vacío que se comenzaba a abrir entre ambas se llenara solo, pero solo se abría más y más con el tiempo.
Mi incapacidad para encararte tampoco ayudaba, y tus actitudes cada vez me dolían y me lastimaban más. Llego un momento en el que ni siquiera hablábamos. Cambiaste de amistades y quedé en segundo plano. Ya no era importante salir conmigo si tenías algo mejor que hacer. No importaba como yo me sentía, o si me molestaba lo que hacías. Simplemente, ni siquiera lo notabas.
 Y aquí estoy ahora, después de tanto tiempo, llorando aún sobre las fotos que hablan de tiempos mejores. Sangrando aún esa herida que dejaste, y que no cierra. Con el dolor de saber que el cariño fraternal que nos teníamos fue remplazado por un muro insuperable de rencores y palabras filosas.
Después de todo, tengo la certeza de que fuiste la mejor amiga y confidente que tuve. Una persona por quien habría dado mi vida. Alguien a quien siempre necesitaba perdonar por mucho que me fallara. Y a la última amiga que creía poder perder alguna vez.
Si me preguntaran que te diría en este momento, solo diría que me hubiera gustado oír una disculpa. Me hubiera gustado que por una vez dejaras tu orgullo de lado y me pidieras perdón por traicionar mi confianza tantas veces. Y sí, fuiste una hermana de la vida para mí, pero a veces el corazón se cansa de recibir tanto daño y decepciones, y preferí alejarme a seguir con una amistad que restaba más de lo que aportaba en mi vida. Te quise muchísimo, pero tú preferiste a otras personas y no pude contra eso. No siempre es fácil querer de forma altruista.
Me equivoqué, te equivocaste, y destrozamos una amistad que podría haber durado toda una vida. Nunca dejaré de lamentarlo, y de preguntarme como es tan fácil que una confianza como la que nosotras nos teníamos se venga a bajo tan fácilmente.
 ¿Recuerdas aquello de que todo era parte del destino? Ahora sé que no es así. El destino depende de las decisiones que uno tome. Creer en un destino escrito es un error. No tienes que transitar un camino que no te gusta solo porque piensas que es lo que tienes que hacer. No puedes dejarlo todo en manos de la suerte. Tú eliges tu destino, y está en ti llegar a él, o no. No puedes simplemente dejarlo ser.


''And when the broken hearted people living in the world agree, there will be an answer, let it be.
For though they may be parted there is still a chance that they will see. There will be answer, let it be. Let it be, let it be. There will be an answer, let it be...''



domingo, 3 de junio de 2012

This is my life

 La claridad del alba se comenzaba a filtrar por las rendijas de la persiana, y tenues rayos de luz apuñalaban la penumbra de la habitación.
 Abrió los ojos. Era inútil, no conciliaría el sueño.
Estaba sola, como siempre, lo sabía.
Observó el techo y le dio la impresión de que las paredes se abrían sobre su cabeza. De pronto su habitación era inmensa. Y le dio pánico. Sintió pánico de esa inmensidad. Miedo de ese vacío tan grande, de la soledad, del frío que le calaba los huesos.
Pensó que era todo lo contrario a la claustrofobia, y sonrío ante su ocurrencia. ¿Habría un nombre para eso?
 Se abrazó el cuerpo, y encorvó las rodillas. Estaba segura de lo que estaba por suceder.
«No, no esta vez», pensó, y se obligó a salir de la cama, lejos de los demonios del pasado que venían por ella.
Arrastró los pies hasta el otro lado de la habitación, pero se detuvo en seco frente a una aparición. Una niña se mantenía de pie frente a ella.
Su fino y oscuro cabello caía en espiral hasta la altura de sus hombros, y unos enormes y brillantes ojos verdes la observaban risueña. Sonreía. La alegría e ingenuidad de su mirada le apuñalaron el alma. Y sintió envidia. Envidia por esa criatura de aura angelical, que en medio de tanta soledad se veía fuera de contexto.
 Estiró los dedos, tocó la superficie fría y dura del espejo, y la niña desapareció. Fue remplazada por el desconsolador reflejo del paso de los años.
El cabello alborotado, la piel cenicienta. Esas ojeras tan oscuras que le hacían justicia a tantas noches de insomnio. Y luego, esos ojos. Esos ojos tan vacíos, apagados. Esa mirada que partía el alma, y contaba historias. Si, eso, historias. Hablaba de sufrimiento e injusticias. De como la vida se podía empeñar en amargar una existencia.
Demasiado dolor. Demasiadas cosas que no tendría que haber visto, ni oído nunca. O al menos, no aún.
 De pronto se sintió envejecer. Sintió sobre sus hombros el peso de unos años que no tenía. Apretó los puños. Era injusto.
Y casi cuando estaba por confirmar, otra vez, que no tenía razón de ser, miró a su derecha. Observó a la niña que allí veía. Pero esta vez no era ella. Aunque compartían la sonrisa, su rostro era distinto.
El retrato de su hermana colgaba inerte en la pared.
Entendió que su destino estaba sellado, pero aún así había algo por lo que luchar.
Sonrió.
—Sí. Siempre hay algo...
"Uno está terriblemente solo y mira a través de la ventana. Siempre habrá una ventana para cada solo y un smog de soledad que se cuele por la chimenea..."