jueves, 28 de junio de 2012

Tired ~

 Cansada. Así me siento hoy. Cansada y harta de todos y todo. Cansada de las personas falsas que te juran amistad y te traicionan por la espalda. Cansada de la puta rutina, de que todo sea siempre igual. Cansada de estar rodeada de gente y sentirme sola, y vacía. De no poder avanzar. De sentir que todo se derrumba sobre mi espalda. Cansada de escuchar a todos y que nadie me escuche a mí. De ser invisible. De que la mía sea la ultima opinión en ser tomada en cuenta.
Estoy cansada de la gente de mierda que se empeña en amargar mi vida. Harta de escuchar disculpas. De perdonar. De dar oportunidades y que sea siempre igual. Cansada de ser traicionada una y otra vez.
Cansada de vivir en el pasado. De que los demonios del ayer me persigan. De que el odio y el rencor aún y después de tanto tiempo sigan quemando mis pupilas. Cansada de llorar sobre fotos y cartas que hablan de un pasado mejor. Cansada de tener la certeza latente de que esos tiempos jamás volverán. 
Harta de evadirme de malas maneras, de no encontrar salidas que no me hagan daño. Cansada de la depresión y la angustia que me corroen en alma todas las noches. 
Cansada de preguntarme porqué. 

 Y te vas hundiendo poco a poco en un profundo hoyo. Es como arena movediza. Sabes que cuanto más te muevas, más rápido bajaras. Caes. Siempre estas cayendo. Arañando con tus uñas las paredes de ese pozo al que tú misma te empujaste. No culpes a nadie, porque nadie te obligó a caer. Pudiste elegir entre ser fuerte, pero decidiste rendirte. Solo tendrías que haber visto tu cara. Con tan solo observar tu mirada rota supe que estabas derrotada. 




lunes, 25 de junio de 2012

Abismo

 Ese vértigo que se siente al azomar la cabeza hacia el abismo de las malas decisiones y las evasiones.
Caminas hasta el borde y sientes como si un viento con aroma a soledad te empujara suavemente por la espalda y te invitara a saltar. Pero no. Por alguna extraña razón te resistes, al igual que resistes esas ganas inconmensurables de quebrarte en llanto.
Te balanceas hacia adelante y hacia atrás, con una sonrisa triste, rota. ¿Adónde a ido a parar la alegría de la juventud?
 Haces por milésima vez una lista mental de aquellas personas que te hicieron tanto daño. Ni siquiera eres capaz de recordar todos sus nombres y maldices en voz baja. Meneas la cabeza y suspiras. Da igual.
 Te sientes sola, deshilachada, y tan vacía como aquella botella de vodka que te empujó a la inconsciencia la noche anterior. Ese vacío existencial que hace tanto tiempo habita en tu vida, y cada día te mata un poco más. ¿Y a quién le interesa?
Insomnio por dolor, inanición por depresión, alcohol para el corazón. Te estás destruyendo y ni siquiera te importa. Sabes que te hace daño, pero no quieres dejarlo. Tal y como hiciste con él. Ese chico que se empeñó en arruinarte la vida, y aún así tu corazón casi masoquista te mantenía a su lado. 
 Sufres, pero sonríes cada día. Esperando a que alguien se atreva a quitarte esa máscara de falsa felicidad que te asfixia cada vez más.
 Sientes tu alma pendiendo de un hilo, y tu vida cayendo en espiral por un barranco de temores e inseguridades. Te preguntas a ti misma cuando perdiste el control de tu vida.
  Te preparas para saltar a la nada. Sabes que ese paso al vacío condenará tu existencia. 
¿Qué más da? Más no podrá doler. 
 Caes, y cuando estás a punto de llegar al final, te estrellas con la realidad.
Abres los ojos, y sientes el frío sudor en tu espalda. 
Una puntada de dolor te apuñala el pecho. 
Suspiras, y aceptas que la realidad siempre estará ahí, esperando al mejor momento para darte un golpe en toda la cara.
Vuelves a poner tu cabeza sobre la almohada, mientras entre oraciones incoherentes ruegas que las pesadillas no vuelvan por ti. 
Paz, no pastillas, es lo que necesitas. 
Cierras los ojos y te intentas convencer de que no es tan malo. 
—Algún día me reiré de esto...—susurras, con una sonrisa tan falsa como tus palabras. 
Pero no importa, mentirte a ti misma se ha vuelto casi un hábito.

''Ésta era la vida real, no el material de las películas cinematográficas, no las cosas grises, no su propia vida normal; esto era la vida expuesta hasta la médula, temblorosa, intrépida, codiciosa, inmortal...''

miércoles, 20 de junio de 2012

Respirar, emborracharse, morir, y seguir viviendo


''Te cambié por la cerveza, y no hay mucha diferencia, ¿sabes? No me llama, no me escribe, y también me da dolor de cabeza...''

domingo, 17 de junio de 2012

Karma

¿Amar? No, porfavor. Las personas como tú no aman a nadie. No lo sabes que eso significa, así que ni siquiera lo digas. No en mi presencia.
Basta. Te ruego que te calles. Oí suficiente. Fueron dos años de oportunidades que no supiste aprovechar, no me vengas con remordimientos ahora. 
No, no me pidas perdón. Es demasiado tarde para eso. Las disculpas no sanan corazones,  ¿sabes? Tus palabras vacías no me devolverán el tiempo que perdí contigo. No secarán las lágrimas que tú no secaste. No me quitaran el dolor que sembraste durante tanto tiempo en mí. 
Eres la cruz de mi vida.
¿Qué no te hable así? ¿Cómo rayos quieres que te hable? Eres la persona más cruel y estúpida que conocí jamás. Y además, eres un ciego. Eres incapaz de ver y reconocer a alguien que daría la vida por ti.
No, maldita sea, no. Te he dicho que no te perdonaré. Nunca. No te lo mereces. Que me parta un rayo antes de que eso suceda. 
¿Cómo se puede sentir tanto desprecio por una persona a la que has amado con tu vida entera?
Púdrete. El karma te hará pedazos.

''¿Dónde estabas cuando me caí y necesitaba ayuda para levantarme? Me diste una patada cuando estaba en el suelo, y es un poquito tarde para decir que lo sientes ahora. Lo que dices tan solo no es cierto, y ya no te necesito nunca más...''
                                         

martes, 12 de junio de 2012

Let it be

 ¿Recuerdas aquello de que todo era parte del destino? Yo de verdad lo creía así.
Lo compartimos todo. No había nada mío que no conocieras. Y es que antes de conocerte estaba tan sola, que cuando llegaste eramos casi la misma persona. Todo el miedo que yo sentía fue remplazado por la seguridad de que cuando volviera a caer tu estarías ahí para levantarme. Y así lo hiciste. Una, y otra, y otra vez.
 Puedo decir con seguridad que conocerte cambió el rumbo de mi vida. Aprendí muchas cosas de ti, lecciones que nunca olvidaré.
 Y la forma en que nos conocimos, ¿la recuerdas aún? Sé que por más que lo contáramos, solo tú y yo podíamos apreciar realmente la forma extraña e inesperada en la que el destino cruzó nuestros caminos.
 Algunas noches solíamos recostarnos en el patio a observar las estrellas, y preguntarnos el porqué eramos tan iguales, y a la vez tan distintas. Entendimos al fin que nos complementábamos. Mientras tú me brindabas silencios para escuchar mis problemas, yo te prestaba consejos cuando sabía que los necesitabas, aunque no me lo dijeras.
Una de esas noches en especial marcó mi memoria. Recuerdo que yo me encontraba frustrada porque me sentía acorralada ante situaciones que sentía que no podía superar, y tú me prestabas tu hombro para llorar, pero sabías —y ahora yo también lo sé— que no podías darme ninguna solución. Y entonces, una canción empezó a sonar. Let it be. Lo pronunciamos al mismo tiempo, nos miramos y sonreímos.
—Déjalo ser —dijiste, con el rostro iluminado.
En ese momento te hice caso, lo dejé ser. Hice a un lado mis problemas, y dejé que las cosas se dieran como se tenían que dar. Entendí que si la solución escapaba de mis manos, preocuparme era en vano. Pero ignoraba que esa misma decisión terminaría siendo el peor error que cometimos.
 Cuando comenzamos a pelearnos por todo, el orgullo nos impedía hacer las paces. Y esa maldita frase resonando en nuestra mente nos hacía creer que no era necesario hablar las cosas, que había que dejarlo ser, que si las cosas debían arreglarse, se arreglarían solas. No era así. En el fondo yo lo sabía, incluso un día, discutiendo, te lo dije;
—Hay ciertas cosas que simplemente no se solucionan diciendo ''Let it be''.
Te enojaste mucho, lo recuerdo. Creo que de alguna forma esa era tu frase favorita, la que siempre citabas cuando una situación te superaba. Y a medida que tú la ponías más en práctica, yo la empezaba a odiar. Al igual que empecé a odiar tu presencia distante, tus silencios, esas miradas ausentes que ya no decían nada. Aunque después de cada pelea volvíamos a hablar en buenos términos, nunca me decías que eran las cosas que te molestaban o te hacían alejarte cada vez más de mí. Supongo que esperabas que ese vacío que se comenzaba a abrir entre ambas se llenara solo, pero solo se abría más y más con el tiempo.
Mi incapacidad para encararte tampoco ayudaba, y tus actitudes cada vez me dolían y me lastimaban más. Llego un momento en el que ni siquiera hablábamos. Cambiaste de amistades y quedé en segundo plano. Ya no era importante salir conmigo si tenías algo mejor que hacer. No importaba como yo me sentía, o si me molestaba lo que hacías. Simplemente, ni siquiera lo notabas.
 Y aquí estoy ahora, después de tanto tiempo, llorando aún sobre las fotos que hablan de tiempos mejores. Sangrando aún esa herida que dejaste, y que no cierra. Con el dolor de saber que el cariño fraternal que nos teníamos fue remplazado por un muro insuperable de rencores y palabras filosas.
Después de todo, tengo la certeza de que fuiste la mejor amiga y confidente que tuve. Una persona por quien habría dado mi vida. Alguien a quien siempre necesitaba perdonar por mucho que me fallara. Y a la última amiga que creía poder perder alguna vez.
Si me preguntaran que te diría en este momento, solo diría que me hubiera gustado oír una disculpa. Me hubiera gustado que por una vez dejaras tu orgullo de lado y me pidieras perdón por traicionar mi confianza tantas veces. Y sí, fuiste una hermana de la vida para mí, pero a veces el corazón se cansa de recibir tanto daño y decepciones, y preferí alejarme a seguir con una amistad que restaba más de lo que aportaba en mi vida. Te quise muchísimo, pero tú preferiste a otras personas y no pude contra eso. No siempre es fácil querer de forma altruista.
Me equivoqué, te equivocaste, y destrozamos una amistad que podría haber durado toda una vida. Nunca dejaré de lamentarlo, y de preguntarme como es tan fácil que una confianza como la que nosotras nos teníamos se venga a bajo tan fácilmente.
 ¿Recuerdas aquello de que todo era parte del destino? Ahora sé que no es así. El destino depende de las decisiones que uno tome. Creer en un destino escrito es un error. No tienes que transitar un camino que no te gusta solo porque piensas que es lo que tienes que hacer. No puedes dejarlo todo en manos de la suerte. Tú eliges tu destino, y está en ti llegar a él, o no. No puedes simplemente dejarlo ser.


''And when the broken hearted people living in the world agree, there will be an answer, let it be.
For though they may be parted there is still a chance that they will see. There will be answer, let it be. Let it be, let it be. There will be an answer, let it be...''



domingo, 3 de junio de 2012

This is my life

 La claridad del alba se comenzaba a filtrar por las rendijas de la persiana, y tenues rayos de luz apuñalaban la penumbra de la habitación.
 Abrió los ojos. Era inútil, no conciliaría el sueño.
Estaba sola, como siempre, lo sabía.
Observó el techo y le dio la impresión de que las paredes se abrían sobre su cabeza. De pronto su habitación era inmensa. Y le dio pánico. Sintió pánico de esa inmensidad. Miedo de ese vacío tan grande, de la soledad, del frío que le calaba los huesos.
Pensó que era todo lo contrario a la claustrofobia, y sonrío ante su ocurrencia. ¿Habría un nombre para eso?
 Se abrazó el cuerpo, y encorvó las rodillas. Estaba segura de lo que estaba por suceder.
«No, no esta vez», pensó, y se obligó a salir de la cama, lejos de los demonios del pasado que venían por ella.
Arrastró los pies hasta el otro lado de la habitación, pero se detuvo en seco frente a una aparición. Una niña se mantenía de pie frente a ella.
Su fino y oscuro cabello caía en espiral hasta la altura de sus hombros, y unos enormes y brillantes ojos verdes la observaban risueña. Sonreía. La alegría e ingenuidad de su mirada le apuñalaron el alma. Y sintió envidia. Envidia por esa criatura de aura angelical, que en medio de tanta soledad se veía fuera de contexto.
 Estiró los dedos, tocó la superficie fría y dura del espejo, y la niña desapareció. Fue remplazada por el desconsolador reflejo del paso de los años.
El cabello alborotado, la piel cenicienta. Esas ojeras tan oscuras que le hacían justicia a tantas noches de insomnio. Y luego, esos ojos. Esos ojos tan vacíos, apagados. Esa mirada que partía el alma, y contaba historias. Si, eso, historias. Hablaba de sufrimiento e injusticias. De como la vida se podía empeñar en amargar una existencia.
Demasiado dolor. Demasiadas cosas que no tendría que haber visto, ni oído nunca. O al menos, no aún.
 De pronto se sintió envejecer. Sintió sobre sus hombros el peso de unos años que no tenía. Apretó los puños. Era injusto.
Y casi cuando estaba por confirmar, otra vez, que no tenía razón de ser, miró a su derecha. Observó a la niña que allí veía. Pero esta vez no era ella. Aunque compartían la sonrisa, su rostro era distinto.
El retrato de su hermana colgaba inerte en la pared.
Entendió que su destino estaba sellado, pero aún así había algo por lo que luchar.
Sonrió.
—Sí. Siempre hay algo...
"Uno está terriblemente solo y mira a través de la ventana. Siempre habrá una ventana para cada solo y un smog de soledad que se cuele por la chimenea..."