viernes, 20 de julio de 2012

Vals de la agonía



 Rock and roll y cerveza.
Soledad bailaba y Melancolía bebía.
La música sonaba cual gran fiesta y el silencio no existía. 
Soledad, tan descarada, invitó una pieza a Melancolía, pero ésta algo timida respondió que no quería. 
Llanto hizo su entrada, y solo no venía. Tristeza, su bella dama, del brazo le sostenía.
Alegría, marginada, con celos los observó. No intervino en la velada, pues esta noche se controló. 
Clic, clac hizo el tocadiscos. Comenzó el ultimo vals.
Todos tenían pareja, pero Pena no quería bailar. 
—¡Pobre muchacha melancólica! —exclamó Pena con pesar—. Está tan sola que a la tristeza se abandona, y el llanto la quiere ahogar. Si alegría se acerca a ella, llanto se marchará. Se llevará consigo a tristeza, y la fiesta terminará.

viernes, 13 de julio de 2012

 Esa maldita incapacidad de no poder decir lo que en verdad siento. 
 Sé que estoy lejos de ser la persona que quieres que sea, solo quisiera que no intentaras cambiarme.
Y es que somos tan diferentes..., tan positivo, con una sonrisa en tu cara todo el tiempo, alegrando la vida de todo el que te rodea. Siempre considerado y amable, haciendo lo imposible por aquellas personas importantes para ti.
Y yo... bueno, ¿qué puedo decir de mí? Sabes que soy una amargada. Me agobio por todo, y tú aguantas mis rabietas sin quejas. Siempre estoy seria, encerrada en mi mundo, y tú apareces y lo pones de cabeza con tal de verme sonreír. 
Hay días en los que no te callas ni un minuto. Eres la única persona que conozco que puede decir tantas tonterías en diez segundos. Me hablas de fútbol y de videojuegos aún sabiendo que no entiendo nada al respecto. No aguantas verme con un libro en la mano. Verme tan tranquila y quieta por demasiado tiempo te perturba. Y siempre, siempre que cantas, repites la misma frase, de la misma canción. Una y otra vez
Puedes estar escuchándome hablar horas, aunque solo esté relatándote anécdotas irrelevantes de mi fin de semana. Te enojas conmigo cuando bebo en exceso. No te cansas de repetirme que me estoy haciendo daño. A veces te quedas observándome en silencio, sonríes y me tocas la punta de la nariz.
Te frustras porque no puedes comprenderme. Dices que soy la persona más extraña que has conocido jamás. Me causa gracia cuando dices que el primer hombre que logre decifrarme merecerá un premio. Me río, porque sé que hay algo de verdad en eso.
Eres el primero en animarme. Te molesta profundamente mi negatividad y baja autoestima. Cuando me oyes quejarme de mi apariencia, no tardas en decirme que para ti soy una de las chicas más hermosas que has visto en la vida. Siempre me río de tus exageraciones. Acepto tus cumplidos con palabras sarcásticas, porque sabes que no los creo. Remarcas todo el tiempo que tú no mientes
Te amargas por mí cuando hablamos de mi pasado. Te duele, porque sabes que me duele. Apretas los puños de rabia al recordar a las personas que me lastimaron. Las odias, porque cambiaron a la chica que hace años tú encontraste en mí. Me pides todo el tiempo que vuelva a ser ella. La que tú conociste en aquel mes de marzo. La muchacha que sonreía por nada, que ignoraba a medias la realidad. Aquella que sufría, pero podía sostenerse y seguir adelante como si nada. La que demostraba lo que sentía sin miedo a ser dañada. 
 Lo siento, no volverá. Y aunque te haya explicado mil veces las razones que me hicieron cambiar, no lo comprendes. No lo comprendes porque tú y yo tenemos maneras tan opuestas de encarar la vida, y vivimos realidades tan diferentes, que te es imposible ponerte en mi lugar. No te culpo por ello. 
 Sé que mis silencios te lastiman. Soy consciente de que a veces crees que no me importas. Crees que no te quiero lo suficiente, y te alejas. ¿De verdad crees que podría no querer a una de las personas que me mantienen en pie cada día?
 Me gustaría poder decirte cuanto te quiero, y lo mucho que significas en mi vida, pero soy incapaz de hacerlo. No me preguntes porqué, porque ni siquiera yo lo sé. 
A veces solo tengo ganas de llorar, y abrazarte, y decirte lo miserable que sería mi vida si no estuvieras a mi lado para sostenerme cuando me derrumbo. A veces quisiera que supieras que te extraño muchísimo cuando no te veo, y cuando no estás ahí conmigo para decir tonterías y hacerme reír, y por un momento darme la certeza de que, aunque la vida sea dura, gracias a personas como tú vale la pena seguir aquí.
 Sé mi frialdad te congela el alma, y que odias mi silencio. Incluso me has confesado que darías cualquier cosa por entrar un minuto en mi mente. Ojalá pudieras. Así sabrías que te adoro como a nadie en esta vida.
 Debería pedirte que te quedaras, cuando te despides esperando que te detenga. 
Debería hacerlo, porque presiento que estás cansado y es ahora cuando necesitas que te demuestre todo lo que eres para mí. Debería hacerlo, porque sé que un día puede que te vayas y no regreses.

Sabes que no tengo arreglo, pero ojalá seas consciente de que eres uno de los pilares más imprescindibles de mi vida, y no podría seguir luchando sin alguien como tú a mi lado. 
No merezco una amistad tan incondicional como la tuya, pero tengo la seguridad de saber que eres el ángel que me cuida, y no soportaría perderte. 
 Sé que si alguien lee esto, no serás tú, pero tengo la esperanza de poder decírtelo en la cara algún día.
 Eres el mejor amigo que puede existir, y te quiero más que a mi vida.