viernes, 23 de agosto de 2013

Boom

La vida es para ella un sueño interminable. Un maldito y horrible sueño interminable. Pero empeora cuando despierta. Nada puede quitarle del cuerpo esa sensación de irrealidad, esa somnolencia, ese ''no-estar''. Por eso prefiere dormir, aunque sueños extraños y perturbadores la acompañen cada noche. 
A veces piensa que dormir es como morirse un poco, pero la idea le aterra. ¿Será que ni en el descanso eterno hallará la paz? Le gustaría poder llorar. Llorar tanto como lo hacía antes, pero no puede. 
Adivina que el final está más cerca de lo que cree. Lo siente acercarse, como una mano helada por debajo de la manta, listo para tirar de su pierna. Si, definitivamente; le gustaría poder llorar. 
De pronto, no sabe qué hora es, ni qué día, pero algo la empuja fuera de su estupor cotidiano. 
«¿Quién está allí?» Suspira inaudible, con miedo de ser oída. Ella es así, temerosa. Ni rastro queda ya de su valentía.
Una mano diminuta se aferra a la de ella. Un par de ojos cafés, pequeños, como dos gotas de aceite brillan en la oscuridad. En su oscuridad. Y algo cambia. Algo más se rompe dentro, o se arregla. Un quiebre, un mundo de cabeza. Una sacudida, y boom, al mundo real. «Dios mío, ¿qué es esto?»
Siente de pronto que no quiere morir. Y le aterra, porque el final es inminente. Se había hecho ya ha la idea, «¡No! ¡No me aferres a la vida!» Tiembla, sabe que está rota, y, oh, ¡Cuánto le gustaría poder llorar!
Podría hablar de ello, pero no sirve de nada. Nadie la ayudará. Muchas manos se han extendido a su socorro, pero una a una las ha rechazado. Sabe que está rota, lo sabe muy bien, pero no le importa en realidad. «Estoy bien, no te preocupes» ¿Por qué nadie se dio cuenta nunca? Ella estaba rota, y era la única que lo sabía. 
Tendrías que haberla visto. Hubiera deseado que solo se quebraba en llanto. Que gritara y golpeara al viento. Que sacara de dentro toda esa basura que se ha venido tragando durante tantos años en silencio. Hubiera deseado que se tirara al suelo y manifestara toda su ira. Incluso esperé que insultara e hiciera daño. Que lastimara tanto como la han lastimado. Pero, oh, dios mío, tendrías que haberla visto. Su sonrisa fue el espejo de la misma muerte. Y acabaría con ella, lo supe en ese instante. 
Si tan solo hubiera podido llorar...